Al principio chillaba por el dolor que le causaba mi gordo chilote moreno, pero terminó volviéndose adicta a mi vergota

Aunque no era virgen la chavita, nunca en su vida había sentido un fierro como el mío abrirse paso en su cuevita estrechita de morra chiquitita y flaquita. Yo nomás me prendía más y más mientras veía sus lágrimas correr por sus mejillas mientras hacía esfuerzos por ni gritar de dolor por la salvajeada culeada que le estaba dando para evitar que sus jefes nos oyeran culeando en su cuarto. Pero bueno, sólo le bastó con aguantársela una sola vez porque de ahí en adelante la vieja únicamente se dedicaba a disfrutar de ser mi bate violar su chocho mojado que no deja de chorrear mientras mi palote destroza su rajita rosadita.

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