Mi sobrina es una zorra bien sabrosa e interesada que aceptó convertirse en mi putita a cambio de pagarle los estudios.

Nunca me casé ni tuve hijos porque toda mi vida he sido un puto desmadre. No me arrepiento de nada y siempre me valió verga el qué dirán. No iba a malgastar la lana y posición social que me he ganado a punta de chingarme trabajando en pagarle sus caprichos a una esposa e hijos malagradecidos, como tantas veces he visto con mis amigos que sí lo hicieron. ¿Ventajas? Que a mis cincuenta y pico años puedo seguir disfrutando de chavitas veinteañeras bien sabrosas, tantas como quiera. La última que se apuntó a mi lista fue mi sobrina Sofía, que aunque su jefe se ha encargado de mantenerla alejada de mí, encontró el modo de contactarme y proponerme un acuerdo sexual imposible de rechazar.

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