Mientras el pendejo de su marido chambea para mantenerla, yo me dedico a chingarme el coñito apretado y goloso de la vieja putona.

Nunca he entendido a esos maridos que se la pasan día y noche en la chamba para traer a sus viejas como reinas pero con la panocha tan descuidada como chocho de monja. Cuando me ligué a esta hermosura de vieja, tenía la pucha tan apretada que hasta sangró un poquito cuando le dejé ir toda la verga, como que ya había quedado virgen por cicatrización la vieja. Pero eso sí, deberían verla ahorita, la panocha se le abre y dilata bien rico apenas siente que mi pito comienza a asomarse por su cuevita y empieza a gotear a chorros, parece grifo abierto cuando se chorrea la vieja. Ahora, mientras su marido le da todo, la morra hasta regalitos ya empezó a darme, ¡pobrecito del vato!


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