La negra necesitaba que le adelantara una lana de su quincena y le dije que se la autorizaba si se empinaba sobre mi cama.
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La negra necesitaba que le adelantara una lana de su quincena y le dije que se la autorizaba si se empinaba sobre mi cama.

La vieja es madre soltera y me dijo que necesitaba que le adelantara la quincena para unos materiales que le estaban pidiendo en el kínder. Pero esto es una empresa, no las hermanitas de la Caridad, así que le dije que no podía aprobarle eso. Pero la morra me insistió y terminó confesándome que necesitaba la feria para irse a una boda en Cuernavaca. “No pues menos”, le dije, pero la morra se puso en pie, tomo mi mano y la posó sobre sus tetas morenas. Me dijo “aprétalas, tu quieres”, mientras se sentaba sobre mi chile que ya estaba bien tieso. Pero como en la oficina no se puede poner seguro a la puerta, le dije que esperara a la salida y me la llevaba de motelazo. La neta se rifó la chava y me deslechó rico, así que le aprobé lo que pidió más un bono “de productividad”.

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